III SEMANA - SEXTO DÍA - Consagración de nuestros sentidos
III SEMANA – SEXTO
DÍA
Consagración de nuestros sentidos. Que todos los sentidos
busquen y pertenezcan a Dios.
1.- Por
la mañana, al levantarse:
Rezar:
o
Credo
Creo en un solo
Dios, Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la
tierra,
de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo
Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios, nacido
del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios,
Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la
misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros lo hombres,
y por nuestra salvación bajó
del cielo,
y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen,
y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue
crucificado
en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo,
y está sentado a la derecha
del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a
vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador
de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el
Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por
los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del
mundo futuro.
Amén.
o
Magníficat
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en
Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el
Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Su nombre es Santo y su misericordia
llega a sus fieles de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón.
Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos
los colma de bienes y a los ricos despide vacíos.
Auxilia a Israel su siervo, acordándose de su santa alianza según
lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por
siempre. (Lucas 1, 46-55)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en
principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amen.
o
Consagración
del día a María para que actúe en nosotros y nos proteja de todo peligro.
Oh, Señora mía, oh, Madre mía, yo me ofrezco enteramente a Ti, y
en prueba de mi filial afecto te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi
lengua, mi corazón; en una palabra: todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, oh,
Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén.
o
Invocación del
Espíritu Santo.
Ven, Espíritu Santo,
y envía del Cielo
un rayo de tu luz.
Ven, padre de los pobres,
ven, dador de gracias,
ven luz de los corazones.
Consolador magnífico,
dulce huésped del alma,
su dulce refrigerio.
Descanso en la fatiga,
brisa en el estío,
consuelo en el llanto.
¡Oh luz santísima!
llena lo más íntimo
de los corazones de tus
fieles.
Sin tu ayuda,
nada hay en el hombre,
nada que sea bueno.
Lava lo que está manchado,
riega lo que está árido,
sana lo que está herido.
Dobla lo que está rígido,
calienta lo que está frío,
endereza lo que está
extraviado.
Concede a tus fieles,
que en Ti confían
tus siete sagrados dones.
Dales el mérito de la
virtud,
dales el puerto de la
salvación,
dales la felicidad eterna.
Amén.
o
Oración
María, porque el amor cubre una
multitud de pecados, tu amor sin medida que el Padre te ha dado por los
pequeños y los necesitados, nos cubra hasta los profundidades de nuestro ser
pecador. ¡Oh causa de nuestra alegría! Ayúdanos a vencer nuestra pereza, y a
estar siempre atentos a las necesidades de todos, especialmente de los pequeños
y desprotegidos. Te consagro mi pereza y mi sueño para estar siempre despierto
y atento para servir. No dejes que me venza mi debilidad. Te consagro toda la
fuerza de mi cuerpo y de mi ánimo. María, reina de nuestros corazones, nuestra
Dama, reina en nuestros corazones de manera que el signo de nuestra
consagración a ti sea precisamente el servir como tú. Amén.
Proponer y pedir al Espíritu Santo, que nos dé su gracia para
poder vivir:
o
El Propósito del día:
Estar dispuesto a ayudar. No esperar a que me lo pidan.
o
La imitación de María:
Tratar de descubrir a las personas que necesitan ayuda.
o
Y la práctica Penitencial:
Levantarme un poco más temprano para vencer mi pereza y estar
siempre listo para servir.
2.-
En el momento más oportuno:
o
Lectura de la Sagrada Escritura
“Entonces, cuando acabó de lavarles los pies, tomó su manto, y
sentándose a la mesa otra vez, les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros
me llamáis Maestro y Señor; y tenéis razón, porque lo soy. Pues si yo, el Señor
y el Maestro, os lavé los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a
otros. Porque os he dado ejemplo, para que como yo os he hecho, vosotros
también hagáis. En verdad, en verdad os digo: un siervo no es mayor que su
señor, ni un enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis esto, seréis
felices si lo practicáis.” Jn 13, 12-17.
“Cuando se acabó el vino, la madre de Jesús le dijo*: No tienen
vino. Y Jesús le dijo*: Mujer, ¿qué nos va a ti y a mí en esto? Todavía no ha
llegado mi hora. Su madre dijo* a los que servían: Haced todo lo que Él os
diga.” Jn
2, 3-5.
o
Lectura sobre el Misterio de María – VERDADERA DEVOCIÓN A MARÍA
[Los números en corchete son los números del “tratado de la
verdadera devoción”]
El culto a María en la Iglesia
a. Fundamentos teológicos del culto a María
Acabo de exponer brevemente que el culto a la Santísima Virgen nos
es necesario. Es preciso decir ahora en qué consiste. Lo haré, Dios mediante,
después de clarificar algunas verdades fundamentales que iluminarán la grande y
sólida devoción que quiero dar a conocer a Jesucristo, fin último del culto a
la Santísima Virgen. [60]
Primera verdad.
El fin último de toda devoción debe ser Jesucristo, Salvador del
mundo, verdadero Dios y verdadero hombre. De lo contrario, tendríamos una
devoción falsa y engañosa. Jesucristo es el Alfa y la Omega, el principio y fin
de todas las cosas. La meta de nuestro misterio escribe San Pablo "es que
todos juntos nos encontremos unidos en la misma fe... y con eso se logrará el
hombre perfecto que, en la madurez de su desarrollo, es la plenitud de
Cristo". Efectivamente, sólo en Cristo "permanece toda la plenitud de
Dios, en forma corporal" y todas las demás plenitudes de gracia, virtud y
perfección. Sólo en Cristo hemos sido beneficiados "con toda clase de
bendiciones espirituales".
Porque Él es:
el único Maestro que debe enseñarnos,
el único Señor de quien debemos depender,
la única Cabeza a la que debemos estar unidos,
el único Modelo a quien debemos conformarnos,
el único Médico que debe curarnos,
el único Pastor que debe apacentarnos,
el único Camino que debe conducirnos,
la única Verdad que debemos creer,
la única Vida que debe vivificarnos y
el único Todo que en todo debe bastarnos.
"No se ha dado a los hombres sobre la tierra otro Nombre por
el cual podamos ser salvados", sino el de Jesús.
Dios no nos ha dado otro fundamento de salvación, perfección y
gloria, que Jesucristo. Todo edificio que no esté construido sobre la roca
firme, se apoya en arena movediza y tarde o temprano caerá infaliblemente.
Quien no esté unido a Cristo como el sarmiento a la vid, caerá, se
secará y lo arrojará al fuego. Sí en cambio; permanecemos en Jesucristo y
Jesucristo en nosotros, se acabó para nosotros la condenación, ni los ángeles
del cielo, ni los hombres de la tierra, ni los demonios del infierno, ni
criatura alguna podrá hacernos daño, porque nadie podrá separarnos de la
caridad de Dios que está en Cristo Jesús.
Por Jesucristo, con Jesucristo, en Jesucristo lo podemos todo:
· tributar al Padre
en unidad del Espíritu Santo todo honor y gloria,
· hacernos perfectos y ser olor de vida
eterna para nuestro prójimo. [61]
o
Rezo del Santo
Rosario
o
Participación
en la Santa Eucaristía
3.-
Por la noche:
o
Examen de
conciencia
o
Rezar:
Acto de Contrición
Pésame Dios mío, me arrepiento de todo corazón de haberte
ofendido. Sobre todo porque al pecar te ofendí a ti, que tanto me amas.
Propongo firmemente, con la ayuda de tu gracia, no volver a pecar y apartarme
de las ocasiones próximas de pecado. Amén.
La Salve
Dios te salve, Reina, Madre de Misericordia, vida, dulzura y
esperanza nuestra, Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a
ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora,
abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de
este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clemente!
¡Oh piadosa! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa
Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las divinas gracias y
promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
“Nunc dimitis”
Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en
paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador a quien has presentado ante todos
los pueblos. Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el
principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Cinco Ave María
Ave María
Dios te salve, María. Llena eres de gracia. El Señor es contigo.
Bendita Tú eres, entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre,
Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la
hora de nuestra muerte. Amén.
Visita
Evangelización Activa
Evangelización Activa, es un
equipo de laicos comprometidos dirigido por el Pbro. Ernesto María Caro, que
desde 1997 lleva la Palabra de Dios a todos los rincones del mundo mediante el
uso de los medios electrónicos.
Nota Importante:
Este documento tiene como
finalidad animarte a ti, amable lector, a Consagrarte a Jesucristo, por medio
de María. Adquiere el libro “A Jesús por María”, Un camino para la perfecta
consagración, del Padre Ernesto María Caro Osorio, en www.integractiva.com.mx e
invita a más personas a vivir esta maravillosa experiencia de Encuentro con
Jesús, conducido de la mano de María.






